Coenzima Q10 y enfermedad de Parkinson


En pacientes con enfermedad de Parkinson en fases iniciales, la administración de la coenzima Q10 (un componente habitual, como complemento dietético, de numerosos productos que no requieren prescripción médica, utilizados ampliamente en la medicina naturista y en terapias no convencionales) enlentece el ritmo del deterioro funcional.

Un equipo de investigadores de investigadores de varias universidades norteamericanas, liderado por C.W.Shults de la Universidad de California, San Diego, publica en la revista Archives of Neurology del 15 de octubre de 2002, los resultados de un complejo ensayo en el que han analizado los efectos de la administración oral de la coenzima Q10 a pacientes con una enfermedad de Parkinson en fase inicial.

Este es el primer ensayo clínico en el que sistemáticamente se explora la seguridad y la eficacia de la administración de dosis elevadas de coenzima Q10 en pacientes con enfermedad de Parkinson.

La coenzima Q10, como aceptor de electrones, interviene en la denominada cadena de transporte de electrones, parte del proceso en el que, a partir de los nutrientes (principalmente hidratos de carbono) se culmina con la síntesis del ATP (adenosina trifosfato), como fuente de energía.

Déficit de coenzima Q10


Un déficit de coenzima Q10 durante este proceso mitocondrial afecta negativamente a la función de la célula. En este sentido, y previamente a este ensayo, C.W.Shults ya había demostrado una reducción de los niveles normales de coenzima Q10 en las plaquetas de los pacientes con enfermedad de Parkinson.

También pudo demostrar que la administración oral de coenzima Q10, a dosis de 400,600 y 1200 mg/día, era bien tolerada y elevaba los niveles en el plasma de esta sustancia.

En el ensayo clínico multicéntrico se incluyeron 80 pacientes con enfermedad de Parkinson que fueron asignados aleatoriamente a 3 grupos que recibieron, respectivamente, 300,600 y 1200 mg por día de coenzima Q10, mientras que a un grupo control se les administraba un placebo.

La preparación utilizada contenía 300 mg de la coenzima Q10 y 300 UI de vitamina E como vehículo. La preparación placebo contenía tan solo vitamina E. Los enfermos incluidos en el estudio no fueron tratados con medicación alguna para el Parkinson, ni tampoco con anti-oxidantes, durante los 60 días previos al inicio del ensayo.

Evolución de los pacientes


La evolución de los pacientes fue evaluada mediante una escala sintomática homologada en los meses 1, 4, 8, 12 y 16 y así seguida hasta que el paciente tuvo que ser tratado con levodopa o hasta un máximo de 16 meses.

Aunque los mecanismos a través de los cuales la coenzima Q10 ejerce un efecto beneficioso en la evolución de la enfermedad de Parkinson no están confirmados, estos resultados apoyan la tesis de que en la patogenia la enfermedad de Parkinson puede jugar un papel significativo un trastorno funcional de las mitocondrias celulares, trastorno que sería corregido en parte por la administración de la coenzima Q10, por lo que los autores aconsejan proseguir en esta línea de investigación.

A pesar de estos alentadores resultados, los autores consideran prematuro recomendar la administración de la coenzima Q10 en el tratamiento de la enfermedad de Parkinson, al tiempo que recomiendan que estos positivos resultados sean confirmados en estudios más extensos que definan mejor la dosis apropiada y la magnitud de los efectos conseguidos.

La histerectomía no incrementa el riesgo de muerte


En un artículo publicado en la revista British Medical Journal del 25 de Junio de 2005, miembros del Departamento de Medicina General y Asistencia Primaria de la Universidad de Aberdeen, Reino Unido, se proponen estudiar el riesgo de muerte a largo plazo (una media de más de 20 años) debido a todas las causas, enfermedad cardiovascular y cáncer, en un grupo de mujeres a las que se les había extirpado el útero, comparado con mujeres a las que no se les practicó el consumo de 500 miligramos de criprofloxacino.

Han participado en el estudio 7.410 mujeres (3.705 que habían sido histerectomizadas, fichadas en los registros centrales del National Health Service por cáncer y muerte, y 3.705 que no lo habían sido).

Las medidas aplicadas en esta población fueron la mortalidad por todas las causas, enfermedad cardiovascular y cáncer.

Los resultados fueron los siguientes:

  1. 623 mujeres fallecieron (8,4%) al finalizar el seguimiento (308 en el grupo histerectomizado y 315 en el grupo no-histerectomizado).
  2. Las mujeres de más edad que habían sido histerectomizadas presentaban una reducción del 6% del riesgo de muerte comparada con las mujeres de similar edad que no habían sido histerectomizadas.

Histerectomía


La histerectomía no se asocia con un riesgo de mortalidad significativamente alterado con respecto a la enfermedad cardiovascular y al cáncer, independientemente de la edad. Cabe notar que a la mayoría de las mujeres de este estudio se les practicó la histerectomía por causas no malignas.

Este estudio añade a lo ya conocido que la histerectomía (una operación bastante frecuente de las que, por ejemplo, se realizan 600.000 anualmente en los Estados Unidos) no incrementa significativamente el riesgo de mortalidad a largo plazo para todas las causas, para la enfermedad cardiovascular y para el cáncer.

Los autores subrayan, para finalizar, que sus resultados no deben ser utilizados como argumento a favor de la histerectomía como una medida sanitaria pública para reducir el riesgo de muerte en la última fase de la vida.

Por el contrario, deben servir para tranquilizar a las mujeres a las que se les indique la práctica de una histerectomía en el sentido de que la extirpación del útero y los ovarios no implica un incremento del riesgo de muerte a largo plazo.